Deconstrúyete primero: Qué hacer y no hacer como hombre el 8 de marzo

¡Hola! Soy Diego García y estoy de invitado en este blog. Me gusta mucho escribir sobre representación de género y diversidad sexual en el cine y la televisión en mi blog: mixologia.mx y, en general, estoy muy interesado en temas relacionados con género, con  un especial enfoque en masculinidades no tóxicas. Por ello, hoy les quiero hablar un poco sobre la importancia de la deconstrucción de la idea de masculinidad que tenemos como hombres y de qué formas esto nos puede ayudar a entender mejor el feminismo.

El 8 de marzo es un día importante. Es el día en el que se conmemora la lucha que miles de mujeres alrededor del mundo hacen a diario por el reconocimiento de sus derechos y para recordar el sacrificio que muchas mujeres hicieron por ellos. Es por eso que salen a marchar. Es por eso que es un día que se conmemora, no se celebra. Es por eso, que es un día que debe ser vivido, luchado y protagonizado por las mujeres.

Por ello, es muy común toparse — días antes — con comentarios negativos, sobre todo de hombres que se sienten alienados y confundidos sobre su participación en dicho día, pero también, con mensajes sobre las cosas que podrían hacer (o dejar de hacer) para apoyar en la lucha, sobre todo en ese día. En mi experiencia, hay varias cosas que debemos de tomar en cuenta no solo en este día, sino todos los días:

No ser protagonistas, ni buscar protagonismos.

Como mencionaba antes, el 8 de marzo es un día que conmemora la lucha de las mujeres por sus derechos. Los hombres nada tenemos que estar haciendo intentando liderar o protagonizar sus marchas, sus eventos y sus movimientos, ni mucho menos hablar por ellas. Es hora de de dejar de querer dominar sus espacios, suficientes tenemos con los que habitamos y controlamos a diario.

En lugar de ello, lo mejor que podemos hacer, es hacernos a un lado, guardar silencio y escuchar atentamente a todo lo que ellas tienen que decir, nuevamente, esta no es nuestra lucha, ni somos — ni debemos serlo—  líderes de opinión de su movimiento. Lo que me lleva al siguiente punto.

Guardar silencio y escuchar.

A los hombres se nos ha enseñado desde pequeños que nuestra voz importa, e importa mucho, muchas veces por encima de la voz de las demás. Por ello, siempre tenemos una opinión de algo y queremos que todo mundo la sepa. Sin embargo, algo que debemos de aprender a hacer, es a escuchar y guardar silencio, sobre todo cuando se trata de una mujer hablando.  Su opinión es igual de importante y válida que la nuestra, por lo que no tenemos nada que hacer al tratar de hablar por encima de ella. 

Al contrario, lo mejor que podemos hacer, es escuchar lo que tiene que decir y darle la importancia que merece, sobre todo —  y esto es importantísimo —  si se trata de un tema en el que ella es experta y, aún más,  cuándo nadie nos pidió nuestra opinión. Es hora que dejemos de intentar de tener la razón para todo y comencemos a escuchar a las demás. Su voz es igual de importante que la nuestra.

Entender nuestro privilegio y hacer algo con ello.

Es un hecho, los hombres tenemos un privilegio desde que nacemos, por el simple hecho de ser hombres. Eso no se pone en discusión. El problema radica en lo que hacemos y dejamos de hacer con él. Como mencionaba antes, a los hombres se nos escucha más y se nos tiene más credibilidad. Por ello, deberíamos de comenzar a aprovechar este privilegio en nuestros espacios habitados por otros hombres y hablar cuando algo no nos parezca.

Levantar la voz cuando uno de nuestros amigos, u hombres cercanos, haga un chiste machista o diga comentarios machistas. Decir algo cuando alguno de ellos comparta una foto de una mujer desnuda, semidesnuda o cosificada en el chat grupal. Quejarnos cuando uno de nuestros amigos hable de las mujeres como si fueran pedazos de carne y no seres humanos con emociones y sentimientos. Hacerles saber cuando lo que están haciendo es mal y no quedarnos callados. Pero, sobre todo, dejar de intentar de decirles a las mujeres cómo vivir su feminismo y mejor enfocarnos en mostrarles a nuestros amigos, y seres queridos, lo fuerte y doloroso que es su sexismo.

Entender que las mujeres, y sus cuerpos, no son de nuestra propiedad.

Las mujeres, al igual que nosotros, son seres humanos con sentimientos, emociones y decisiones propias que no esperan a que les estemos dando nuestra opinión sobre todo lo que hacen y dejen de hacer. Las mujeres no son nuestra propiedad y pueden hacer lo que quieran con sus cuerpos. Dejemos de comentar sobre lo que hacen y dejan de hacer y comencemos a actuar con lo que nosotros como hombres estamos haciendo y dejando de hacer para que el sexismo y la inequidad de género desaparezcan.

Si todos comenzáramos por hacer estas poquísimas cosas en nuestra vida diaria, el panorama empezaría a cambiar y la situación sería mucho más favorable para las mujeres. Es por eso que los invito a tratar de hacerlo. Modificar nuestras actitudes y formas de actuar frente al sexismo puede significar un gran paso en el camino a la equidad de género.